Bajo el Óculus de Calatrava

El Óculus de Calatrava o la que ha sido denominada como “la estación de trenes más cara del mundo”, ya está abierta al público.

Imágen original tomada por Irene Municio

Imágen original tomada por Irene Municio

Situada muy cerca del lugar que ocupaban las Torres Gemelas y reemplazando la antigua estación que fue clausurada tras el atentado, la nueva construcción ha sido concebida según su diseñador, el arquitecto español Santiago Calatrava para “ser un monumento a la vida”.

Sin embargo las críticas con respecto a esta obra han sido muchas, tanto por el coste, que dobla el presupuesto inicial, algo que ya viene siendo habitual en las obras de Calatrava, como por la duración, que ha sobrepasado los diez años.

Imágen original tomada por Irene Municio

Imágen original tomada por Irene Municio

Esta inmensa estructura blanca que algunos identifican con una gran catedral, no solo servirá de estación de trenes, uniendo el sur de Manhattan y el distrito financiero con el resto de la ciudad, sino que además será un centro comercial y pretende ser lugar de encuentro para los neoyorquinos.

La entrada principal se sitúa en la gran plaza donde se encuentran los fosos que han conservado en recuerdo a las torres y junto al memorial del 11S.

Una vez dentro del edificio, que el arquitecto español definió como “una paloma”, los usuarios de la red de tren se dirigen rápidamente hacia una y otra línea, sin permanecer apenas tiempo observando la gran cúpula.

De momento, son sólo son unos cuantos turistas los que se detienen para hacerse unos selfies con la estación de fondo. Habrá que esperar que el edificio esté completamente terminado, ya que las obras se siguen llevando a cabo, y que las tiendas estén abiertas, para ver si se cumple el objetivo de los promotores de esta estación y se convierte en otro icono de la ciudad de Nueva York, como ya lo es Gran Central.

Este post es obra original de Irene Municio

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